“Sólo comprendemos y ponemos en práctica aquello que hacemos nuestro”

Hubo un tiempo en el que no sabía marcharme. Me quedaba demasiado tiempo cerca de las personas o en los lugares que me impedían renovarme, transformarme, descubrir. Una de las lecciones que me resultaron más difíciles fue aprender a establecer los límites de lo que era aceptable para mí.

Cuando miro hacia atrás y recuerdo personas, lugares o ideas que amé, a veces sólo distingo confusión, dolor e incomprensión. Tardo un tiempo en recuperar la primera impresión: la luz que me enseñó  a ver, a comprender. Primero está esa luz, ese amor, esa comprensión: eso es lo que nos hace vulnerables al cambio, permeables a la asimilación de lo nuevo. Es la transformación de lo caduco. Después, tras la tormenta, habrá que poner los límites, regresar a la solidez individual, al ser esencial de cada uno. Sólo desde ese lugar estable y sólido podemos elegir en libertad qué pensar, qué hacer, qué decir, qué entregar. Nada externo es nuestro para siempre, sólo podemos quedarnos con la esencia de lo que logremos asimilar.

Poner límites, negarse, ser rechazado parecen experiencias o conceptos negativos porque sugieren que hemos perdido el tiempo, que no hemos sido amados, que nos hemos equivocado, que hay que seguir el camino sin nada entre las manos. La madurez emocional, pasa por esta lección fundamental. Los límites obligan a configurar las prioridades y las necesidades personales, a no ser víctima de todo lo que acaece: filtrar, elegir y asimilar son el resultado de poner límites, de aceptar límites. Aprender a transformar unas circunstancias que tal vez no son las que hubiésemos deseado, a funcionar al margen de lo que los demás, o la vida, nos ha dado, o no nos ha dado. Poco a poco emerge una sólida realidad: alguien capaz de albergar, de proteger, de transformar y de amar a pesar de sus circunstancias. Alguien libre, en la mayor medida posible, de odios y rencores, de mil reproches, de demasiados temores. Alguien capaz de distanciarse de sus circunstancias y de fabricar un mundo a su imagen y semejanza, soñado, inventado y aveces aún fugazmente, plasmado. Para ello, hace falta encontrar las raíces de lo que somos. Disolver las estructuras rígidas como las opiniones, los prejuicios, los vínculos, las obligaciones. Nos ofrecen seguridad a cambio de restringir, estrechar, reducir y negar la seguridad profunda y esencial de estar abierto a la vida. una vida con demasiadas reglas, límites, dogmas y valores rígidos no está viva.

El destino no está escrito en ninguna parte, sólo el corazón de cada persona lo conoce, si éste tiene la suficiente libertad. Cuando las personas son sólidas, su verdad personal será fuerte y duradera y bastará para alumbrarlas.

 

E.P

Inocencia Radical

 

 

 

 

One thought on “Desnudez: Libertad

  1. ¡Bello, bellísimo!

    Gracias por tanta sabiduría plasmada con exquisita belleza y sensibilidad. Gracias por formar parte de mi camino. Corazones unidos.

    Namaste, mi querida comemariposas. 😉

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