Cualquiera que haya asistido alguna vez  a una clase de yoga y haya logrado no quedarse dormido al final de Savasana, seguramente ha escuchado la palabra Namasté.

Literalmente, en Sankrito Nama significa «reverencia», as significa «yo», y te significa «tú».

Namasté, es una de los sonidos más puros y bellos que podemos decir a un ser vivo… después de un Te quiero. A lo largo de los años la mención de la palabra ha perdido en cierta parte su pureza y su verdadero significado. Aún así, soy de los que piensan que Namasté puede tener tantos significados e interpretaciones como personas hay en este mundo.

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Es un saludo y despedida al alma (o lo que quiera que signifique alma para ti), es un saludo a esa parte interna que nunca dejas que salga a la luz, un saludo al ser que eres, el ser que solo tú conoces. Un saludo o despedida a lo más puro de ti que aunque no me dejes conocer, sí que puedo saludar. El Namasté representa la creencia de que cada uno de nosotros tiene una chispa divina en su interior localizada en el chakra del corazón. El gesto es el reconocimiento de un alma a otra. La identificación de un ser con otro.

 

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El “saludo al alma” va acompañado inevitablemente del Anjali Mudra. La unión de las palmas de las manos en la filosofía del Yoga se considera uno de los actos de mayor humildad y gratitud. Colocar las manos en la frente a la altura del “tercer ojo” (punto referente de sabiduría e intuición de tu ser). La inclinación de la cabeza es una indicación simbólica de respeto y comparte el concepto de conexión, gratitud y unión con el Namasté.

Otra de las muchas formas de colocar las manos es a la altura del corazón, con la elevación de las manos por encima de la cabeza dirección al cielo en señal de saludo al Universo, e incluso si estamos sentados, tocando el suelo con el borde externo de las palmas de las manos en señal de conexión con la tierra.

“Desde el Universo en conexión con la suelo que pisamos, yo saludo a tu alma”.

 

En el hinduismo, la palma derecha representa la planta de los pies de Dios y la palma izquierda representa la cabeza del devoto.

En otros contextos religiosos, la persona que hace el gesto de unir las dos manos elimina sus diferencias con la persona a la que reverencia, y se conecta con ella. La mano derecha representa la naturaleza más alta, la espiritual, mientras que la izquierda representa el ego mundano.

 

“Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside”.    

“The infinite in me honours the infinite in you”

 

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